La felicidad no está lejos y tampoco se esconde. La felicidad para un católico en términos claros es gozar del amor de Cristo. “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, Juan 14,6. No hay nadie en el mundo que no quiera ser feliz.
Alguna vez has respondido a las preguntas de Santo Tomás.
¿La felicidad está en las riquezas?
¿La felicidad está en los honores?
¿La felicidad está en la fama o en la gloria?
¿Está en el poder?
¿Está en el placer?
¿La felicidad está en algún bien creado?
San Juan Pablo II nos ayuda a entender que “la verdadera alegría nace de la certeza de que el Señor está cerca, está con nosotros y nos ama”. La felicidad por lo tanto también es una decisión. ¿Decisión? Si, quienes toman decisiones correctas y ponen a Dios en primer lugar, alcanzan la felicidad.
Recientemente, una joven italiana de 19 años le preguntó al Papa León XIV, cómo se puede tomar buenas decisiones y cargadas de significado en la vida. La respuesta fue profunda y sencilla, de esas que se quedan con uno.
“La decisión es un acto humano fundamental observándolo con atención entendemos que no se trata solo de elegir algo, sino de optar por algo. Cuando elegimos en sentido profundo decidimos que queremos llegar a ser. Que tipo de hombre quieres ser, qué clase de mujer quieres ser. Encontramos la felicidad cuando donamos la vida por los demás”, explicó el Papa León.
Por lo tanto, las decisiones de la vida no se improvisan, se construyen, tomándolas con valentía, sin miedo, con la certeza que Dios está a tu lado.
Quienes luchan por estar en gracia de Dios y no se dejan llevar por las corrientes de este mundo, logran la felicidad.
Recordamos las palabras de Santa Teresa de los Andes, “Dios es alegría infinita”, una frase profunda que nos revela quién es Dios y que quiere para nosotros. En los talleres prematrimoniales que nos ha correspondido acompañar insistimos que una de las raíces profundas de la felicidad, es la caridad y la caridad es amor.
Otra enseñanza de lograr la felicidad tiene que ver con el “Sermón de la Montaña” que está claramente documentado en Mateo 5, 1-16 y Lucas 6,20-30.
Jesús señala allí las puertas para llegar a la felicidad. Son claramente conocidas como las famosas “bienaventuranzas” que proclaman la felicidad a la manera de Jesucristo.
Aclaramos que la felicidad plena de Jesús no excluye las situaciones adversas que se nos presentan día a día. Este es un gran misterio. Además, son el centro de la predicación de Jesús.
Al poner en práctica las bienaventuranzas estamos haciendo lo que Dios quiere que hagamos y cada una de ellas está asociada a la felicidad. Es que la felicidad también es saber vivir con profundidad los valores cristianos y eso pasa por poner toda nuestra confianza en Dios y no en nosotros mismos.
En este nuevo año 2026 estamos llamados a no dejarnos llevar por el materialismo, el consumismo, el individualismo, en definitiva, el relativismo que el mundo intenta imponer. Que el amor como principal enseñanza de Jesús, sea el pilar para buscar no sólo nuestra propia felicidad, sino ayudar a construir la felicidad de los demás.
El Apóstol Pablo nos dice: “El amor es paciente, no busca su propio interés, no se irrita” 1 Cor 13,4-5.
La felicidad también se alcanza con coherencia, humildad, lealtad, generosidad y perseverancia. La Sagrada Familia de Nazareth se muestra como el mejor ejemplo a imitar. José, María y Jesús, representan un amor puro y desinteresado, reafirmando que el amor desinteresado conduce rápidamente a la felicidad.
La felicidad también se consigue asistiendo a misa los domingos y los días de precepto, confesar los pecados, cuidar nuestra salud y nuestra relación con Dios. Te invitamos a que logres el hábito de orar diariamente. La oración es transformadora. Jesús nos enseñó a orar y lo hizo más de veinte veces de acuerdo a los Evangelios. En silencio y soledad.
El 2026 tiene grandes oportunidades y en cada tarea que se haga se debe implorar al Espíritu Santo para alinear nuestras vidas con el plan de Dios.
Lorena Criollo y José Javier Carroz
Caminando como Discípulos Misioneros Digitales
