Emprendimos junto a nuestros amigos Yennys, Mario, Ana, Edgar y el Padre Scott, una peregrinación al Santuario del Santísimo Sacramento, fundado por Madre Angélica, el cual se encuentra ubicado en Hanceville, Alabama.
El Santuario del Santísimo Sacramento alberga el Monasterio de clausura de las Clarisas de la Adoración Perpetua, la misma orden de la Madre Angélica, y este año fue nombrado lugar de peregrinación por el Año Jubilar.
En nuestros encuentros en el grupo “Matrimonios por el Amor a Cristo” (MAC), reflexionamos sobre la importancia de realizar una visita al Santuario, con el fin de aprovechar como católicos la gracia del Jubileo y llenarnos de la misericordia de Nuestro Señor Jesús.
Lo que encontramos allí fue mucho más que un lugar sagrado: fue un encuentro profundo con Dios.
Cada paso del camino fue una oración vivida. Entre risas, cantos y momentos de silencio, el Señor nos fue moldeando. Compartir la fe con amigos y recibir la guía espiritual del Padre Scott, hizo de esta experiencia un camino de conversión.
Vivimos semana a semana apresurados por nuestras obligaciones, y esta peregrinación, restauró nuestra relación con Dios, con las personas que tenemos a nuestros lados y hasta con la creación.
Ha sido una peregrinación donde al cruzar la Puerta Santa, recordamos el capítulo 10 de San Juan: “Yo soy la puerta; el que por mi entra, se salvará; entrará, saldrá y hallará pastos”.
Cuando pasamos la Puerta Santa expresamos en nuestros corazones una decisión firme: Seguir y dejarse guiar por Jesús, el Buen Pastor.
Volvimos renovados, con el alma encendida y el deseo ardiente de vivir y compartir nuestra fe. Hanceville fue solo el lugar. El verdadero santuario fue el corazón, donde Cristo se hizo presente.
Como expresa San Agustín: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.” Y en aquel santuario, nuestros corazones encontraron descanso.
Cada oración, cada silencio, cada paso, fue una respuesta al llamado de Cristo a seguirlo más de cerca. Cada uno de nosotros vivimos el gozo de ser Iglesia. San Juan Pablo II dijo: “La fe se fortalece dándola”. Y eso hicimos: compartimos la fe, la fortalecimos y dejamos que Dios obrara en cada matrimonio.
Esta peregrinación nos dio más luz, más paz, y un compromiso renovado de vivir la alegría del Evangelio. Porque como señala Santa Teresa de Jesús: “Quien a Dios tiene, nada le falta.”
Pasar por la Puerta Santa simboliza una entrada a una nueva vida, una transición del pecado a la gracia y un compromiso constante de renovación espiritual.
Obtener una indulgencia plenaria durante este Jubileo 2025, es un acto poderoso donde abrazamos la misericordia de Dios y experimentamos su profundo amor.
Te invitamos a que busques la Puerta Santa más cerca de ti y experimentes el deseo de volver a empezar, siempre dando los pasos hacia adelante y de la mano con Jesús.
Lorena Criollo y José Javier Carroz
Caminando Como Discípulos Misioneros Digitales
